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28/11/10

LIFE


"Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta era no durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo"

Ojo con Steve Jobs.

25/9/10

Chuta

Las angustias privadas comenzaron a atacar. Razón suficiente para dejar de ser pública y encerrarme por varios meses, en todo eso que la know-how jamás comprendería.

Después de hartas cosas, muy cosas, canciones desenfrenadas, otras torpes y flemáticas, reflexiones de las mismas que se repiten sin salir del AM mental, todo está igual. Quizás un poco menos chascona por temas de presentación, quizás más fea, quizás menos tontona – quizás más- no tengo idea, pero el cielo sigue celeste y las copas rebosando, lo que me deja al menos sosegada, al estilo Nena (mi abuela).

Es increíble lo mal que me siento pensando en la edad, en mi poco frenesí, en el estoicismo de cambios que aun no pasan, en mis ojeras y ese julepe eterno a hacer y arriesgar. Las cuentas están corriendo y lo peor, las dendritas muriendo junto a cuanta tripa dañada tengo.

Empecé a dármelas de profesional y comenzó la prueba de fuego. Para bien o para mal luego de algunos varios meses, me di cuenta que los precedentes no son lo mío, a veces los encuentro estúpidos, aunque otras veces me pregunto lo mismo pero en primera persona.

Tanta consulta sin respuesta al inconsciente, parece dejar en esa eterna búsqueda de culpable al yo, aunque no falta el ellos e incluso el ustedes (misericordia por lo directa). Aunque a lo Cowper, me he tenido que dar el valor que no existe, para dejar de seguir las estatutos de supervivencia , cambiando el fácil parpadeo de dos ojos por parar en una esquina y pensar si es realmente el estándar lo que éste desnutrido cuerpo busca.

Y claro que no. Aunque a veces sí. Es como un chiste fome. Una vaca volando o quizás un acto heroico de locura.

No tengo idea, de tantas ideas que tengo. Estoy cansada y más que eso complicada ante la vida y sus vueltas que dejan ahí mismo, después de 79 horas de mareos. Sigo como de 13 pero con 24 encima, a veces es como pesadilla, a veces parece cuento. Soy una maldita troglodita en la era de la tecnología. Si me salvo les cuento. Si no lo logro también, pero siempre con el derecho -y por orgullo- aplicando mentiras bien contadas de lo que seguramente no pasa.



26/7/09

Circuito Integrado

El cambio fue estúpido. Podría haber sido perfectamente un simulacro; todo seguía absolutamente igual. Cuando salí de esa sala, con esos cuadros gigantes y llenos de simbolismos de dudosa interpretación, supe en el momento mismo que esto no servía y que en mi cabeza todo andaba igual.

Hablé del interior, de escenas entre pavorosas y ridículas -de esas que nunca he sabido si eso que siento es dolor o vergüenza- por las pocas veces que las he descrito y por el raudal de sensaciones que se cruzan extrañamente.

Comí sola, otra vez comida de escoria, chatarra, siempre termino así cuando hablo de ese tipo de cosas, como una alcohólica, pero esta vez con los grados, proporcionales a las grasas. Grasas que por mas que quiera no afectan a este cuerpo que terminó siendo mi peor enemigo.

Gasté como tres lucas en provisión y me fui. Lento, lento, quizás demasiado porque sentía cuando la gente me adelantaba y activaban un reojo, de esos que no se miran, pero se sienten. Locales de ropa, todos iguales, maniquíes tan flacas como yo, pero con trastes grandes y desarrollo importante en la delantera, en realidad no como yo. No sé como lo hacen, pero les resulta. Odié la ropa. Grotesca, chocarrera, no sé, pero necesitaba odiarla y guardarle rencor. Caminé unas dos horas sin tener noción de nada, inercia pura, de esa que vuelve cada ciertas horas, cuando me invento como la indiferente, la insensible, la estoica Ale, como una vez me dijo cualquiera.

Me senté. Mi cara de idiota me la imaginaba. Solo me faltaba dejar la boca abierta y salivar. En blanco, como varias veces me había pasado. Qué tenía que pensar, qué iba a hacer ahora, cuando volvía a darme cuenta de que esto iba de mal en peor. Y pensaba en cómo desactivar ese circuito integrado que me hace pensar lo que pienso, verme como me veo, sentirme como me siento.

Me paré. Tiré una piedra justo en contra de un basurero, sonó fuertísimo y me asusté, me sentí como poseída. Ahora pienso que quizás ahí fue cuando abrí bien los ojos, pensé qué diablos y juré por respeto al respiro que esto no se repetía nunca más. Nunca más.


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